Seleccionamos los mejores pastos y cuidamos de nuestro rebaño, manteniéndolo en las mejores condiciones
sanitarias.
Tras el ordeño (mañana y tarde), trasladamos inmediatamente la leche a nuestra quesería.
En un tanque de recepción la enfriamos a 4 grados C.
Cuajamos la leche cruda, con "hierba cuajo", usada de siempre por los pastores.
Procedemos al desuerado, amasado y moldeado de queso manual.
Salamos mediante frotación, para conseguir el punto de sal justo.
Mantenemos el queso para su secado y maduración de forma natural, durante al menos 60 días,
volteándolo diariamente.
Lavado y aceitado con aceite de oliva.
Tras este largo proceso, el queso artesano está listo para ser saboreado por los paladares más exigentes.